Aunque en la antigüedad se
construyeron muchos tipos de muros de carga, los más antiguos que se conservan
son de adobe o piedra. Se tiene constancia de la
existencia de pastas y morteros precursores del hormigón desde los tiempos del Antiguo Egipto, pero fueron los romanos
los que impulsaron este material con la técnica del Emplectum, consistente en crear dos
hojas exteriores de sillares de piedra, rellenas de un mortero de cal con arena y cascotes. Esta técnica constructiva
se ha repetido con ligeras variantes (como el muro Dacio), a lo largo de la historia.
En los lugares donde la piedra
escaseaba o era excesivamente costoso conseguirla, ésta se sustituyó por el
barro en forma de adobe: un ladrillo de barro secado al sol. Asimismo, se puede
establecer un paralelismo entre el emplectum y el tapial, una forma de construcción
consistente en aprisionar barro entre dos placas o encofrados de madera, y compactarlo en
sucesivastongadas mediante mazos o pisones. Una vez se terminaba
una hilada de tapiales, se colocaban el encofrado encima, y se repetía la
operación. Con estas técnicas de tapial y adobe se lograron erigir edificios de
hasta seis alturas, algunos de los cuales perduran en Yemen.
Pero el material más empleado
para realizar muros de carga es el ladrillo: una evolución del adobe cuya
diferencia estriba en el proceso de cocción, que le confiere mayor resistencia
y durabilidad. El ladrillo empleado en muros de carga suele ser macizo, aunque
no es inusual encontrar muros de carga de ladrillo perforado o incluso hueco en
viviendas de una o dos alturas. Una variante del muro de carga de ladrillo es
el realizado con bloque de hormigón, si bien no es posible alcanzar
grandes alturas por este método.
Al igual que en las épocas
anteriores, también existe un reflejo del emplectum romano en el empleo actual del hormigón en masa, donde, como
sucediera en el tapial, el hotmigón se confina mediante encofrados hasta que éste fragua y
adquiere dureza.
La aparición del acero, capaz de soportar las tensiones
de tracción, posibilitó la aparición
del hormigón armado y de las estructuras
metálicas, que modificó radicalmente la forma de construir, dejando obsoletos
los muros de carga. En la actualidad, estos muros sólo se emplean en obras de
poca entidad, como muros de contención de terreno en obras públicas y en
sótanos, siendo el resto de la estructura una combinación de vigas y pilares,
por lo que los muros rara vez adquieren funciones portantes o estructurales, y
su único propósito es el de compartimentar o aislar los espacios.
Hasta
finales del siglo XIX, se construían muros de mampostería y piedra, a partir
del siglo XX se comenzó a construir muros de concreto en masa y de concreto
armado, desplazando en muy buena parte a los materiales anteriormente
utilizados.
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